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El Isard, Un auto bien aceitado (por Guillermo Aguirre).

LOS CAZADORES DE LA JOYA PERDIDA

Obstinados fanáticos investigan largas horas y transitan centenares de kilómetros en busca de esa ansiada pieza original. Un recorrido por el mundo de los autos que buscan ganarle la batalla al tiempo.


Para comenzar a hablar de autos de colección, es necesario dar algunas precisiones. En primer lugar, el nombre que se suele dar al segmento en las diferentes asociaciones y clubes es el de autos clásicos, antiguos, o históricos. Esto tiene que ver con la edad de los ejemplares, siempre superior a 30 años. "Por lo menos, tienen que estar abajo de 1970", indica Gastón Covelli, un restaurador que tiene su taller en Lomas del Mirador. Allí pasan un tiempo no menor a un año diferentes modelos de la etapa pre guerra, que comprende la década de 1930 hasta 1942, cuando a raíz de la Segunda Guerra Mundial se detuvo la fabricación de autos. "Después el auto cambia bastante. El crecimiento es muy grande, no sólo en la estética sino en la mecánica", explica Covelli. La etapa anterior se conoce como Vintage, y la posterior, sencillamente de posguerra.

El otro criterio para clasificar estos codiciados automóviles es su origen. Básicamente, hay autos americanos (como los Ford, Chevrolet, Buick y Studebaker) y europeos (como los alemanes Mercedes-Benz o los ingleses Rolls-Royce y Bentley). "En la Argentina, el auto americano se impuso por las cadenas de distribución, porque había filiales de las marcas en el país", dice Juan Malbrán, un reconocido coleccionista que tiene sus autos en la localidad bonaerense de Lobos. Según el aficionado, resulta más conveniente encarar la reconstrucción de autos estadounidenses por la mayor abundancia de repuestos y los mejores costos. Sobre todo si se trata de autos de las primeras décadas del siglo XX. Malbrán pasó 20 años armando una colección de más de 50 unidades, para lo que dice haber invertido gran cantidad de tiempo y dinero. Sucede que, cualquiera sea el auto elegido, ser detallista es el gran requisito "Recorrí todo el país, desde Esquel hasta Entre Ríos, buscando autos. Compré cosas en estado lamentable, sacadas de un gallinero, y después los trabajamos con mucha dedicación", confía a RPM.

Otro entusiasta consultado indica que hace falta mucho tiempo para tener un auto a full. El último vehículo restaurado por Raúl De la Roza es una Ford F-100 modelo 1953. "Me tomó un año de trabajo de chapa y pintura, otros tres meses de mecánica, y después vino la parte del instrumental y los accesorios", describe. En concordancia con el resto de los entrevistados, De la Roza dice que para conseguir los repuestos es necesario salir a la ruta a recorrer el interior del país. "Hay muchas cuevas, se consiguen la mayoría de las cosas", revela. Otra alternativa, algo más costosa pero muy sencilla gracias a Internet, es ordenar repuestos fabricados en los Estados Unidos. Miguel Salierno, dueño de un Ford V8 modelo 1932, está registrado como cliente de una empresa de piezas neoyorquina, aunque advierte que con el tipo de cambio y el costo de envío, no siempre es conveniente optar por la importación. Gastón Covelli aporta un elemento más: la investigación. "Restaurar no significa sólo hacer funcionar el auto. Se trata de investigar, leer mucho", dice, e insiste en la idea de que cada época tiene características muy particulares a las que hay que prestar mucha atención.

Los clubes son la red de contactos y conocimiento ideales para aquellos que, desempolvando llaves inglesas y haciendo espacio en el garage de casa para trabajar, se embarcan en resucitar un antiguo. En la Argentina, el club madre es la Federación Argentina de Clubes de Automóviles Históricos (FACAH). Su propósito es representar a los diferentes clubes frente a las autoridades locales, y organizar el Rally Nacional. Cada club en particular se organiza en torno a una marca, a una época o sencillamente a una zona geográfica. Por ejemplo, los entusiastas de Mercedez-Benz se reúnen dos veces por mes en el Club Juan Manuel Fangio. Fundado cuando el automovilista todavía vivía, recibió su permiso para utilizar ese nombre, relata Juan Bonomo, actual presidente de la institución. El directivo explica que en el club, además de los rallies, organizan charlas técnicas sobre diferentes épocas o modelos particulares, y hasta hicieron un viaje grupal a su meca, Alemania. "Tenemos varios Pagoda, que son una figurita dificíl", se jacta el coleccionista, que en su catálogo personal tiene autos que van desde los 0,3 litros de cilindrada hasta los 5 litros.

Además, algunos clubes organizan los auto-jumble, ferias destinadas a la compra, venta y canje de piezas. Tanto FACAH como el Club de Amigos del Ford A (CAFA) realizan dos eventos anuales. Otras de las tareas frecuentes de los clubes de automóviles históricos es la gestión de patente y de pasaporte de la Federación Internacional de Vehículos Antiguos (FIVA). Esta institución, fundada en 1966, es la más grande en el ámbito mundial y cuenta con 75 organizaciones afiliadas, que representa alrededor de un millón de vehículos, según información de FIVA. A nivel nacional, uno de los eventos clave del calendario de los coleccionistas es AutoClásica, que desde hace siete años se realiza en la localidad bonaerense de San Isidro, al aire libre. El Club de Automóviles Clásicos de la Argentina es el anfitrión. Este año, como es habitual, se realizaría en octubre.
No es fácil saber el precio promedio de un vehículo antiguo. "El precio tope no está, depende del auto", asegura Gastón Covelli. Por sus manos pasan autos por un valor de US$ 15.000 al ser restaurados, y otros que llegan a los US$ 40.000 o incluso US$ 100.000. Aunque dice que hablar de valores puede ser contraproducente, Covelli considera que el precio base es el de un cero kilómetro. Raúl de la Roza aporta otro criterio: "Poner a punto un coche americano, recuperando la carrocería, cuesta entre US$ 10.000 y US$ 14.000. Un auto bueno, pero popular, como un Mercury 1946 o una coupé 1938 en muy buen estado, puede llegar a los US$ 25.000 o US$ 30.000". Hay que tener en cuenta que para la reconstrucción de un coche, muchas veces se utilizan varias unidades en mal estado. "Usábamos un promedio de tres autos para hacer uno solo", estima Juan Malbrán. En cuanto a precios, el coleccionista indica que hay franjas importantes. "Un Ford A puede ir entre US$ 14.000 y US$ 22.000. Pero un Cadillac puede llegar a los US$ 100.000", ejemplifica.

¿Cuáles son los más buscados? "De Ford, una coupé 1938 o un modelo 1946. También, un Jeep Willy o un Buick coupé 1948. No se consiguen fácilmentev", dice de la Roza. Según Bonomo, la clave no pasa tanto por la antigüedad sino por la producción. "El coleccionista busca la pieza rara. Lo lindo es que vayas a un encuentro y nadie tenga un modelo similar al lado del tuyo", asegura. En tanto, Covelli sostiene que los más buscados son los roadsters (convertibles de dos asientos) y los autos de motor grande. "Para la época pre-guerra, todo lo que está por encima de 60 caballos de fuerza", explica.

Al igual que en tantas otras actividades, Internet produjo un rotundo cambio en el mundo de los coleccionistas. "Antes te tenías que remitir a hablar con alguien o presentarte en algún club para empezar. Con la Web se abrieron muchas puertas", asegura Gastón Covelli. El website https://www.arcar.org funciona como punto de encuentro entre compradores y vendedores de autos clásicos, y muestra en los últimos años una curva de crecimiento muy marcado. Según estadísticas a las que accedió RPM, en junio de 2005 pasaron por el portal 26.000 visitantes únicos, contra más de 118.000 en mayo de 2008. Al 19 de junio, contaba con 3808 autos antiguos publicados con 16.195 fotos. En el portal aseguran que el sitio es muy consultado en el interior del país, tanto para ponerse en contacto con vendedores como para tener referencias sobre los precios de los autos. "Además, se abre mucho el mercado internacional. Hay visitas desde España, Estados Unidos e Inglaterra, porque el tipo de cambio les favorece", agregan. A pesar de que los coleccionistas no siempre tienen intención de vender sus vehículos, según Covelli se trata de una excelente inversión, porque el valor nunca cae. "Hay cotizaciones internacionales, y no hay corralito, ni nada". Para Malbrán, esa competitividad en los precios se está perdiendo, aunque los extranjeros siguen buscando autos en la Argentina "porque lo que falta en el mundo es materia prima: autos". Juan Bonomo agrega que la intención del coleccionista suele ser preservar, acumular autos.

Perseverancia, paciencia, buenas referencias y un buscador de Internet a mano parecen ser las herramientas básicas para todos aquellos que, como ávidos cazadores, quieran encontrar la joya perdida y hacerse de una de esas máquinas del tiempo, perdición de miles de coleccionistas: los autos clásicos.

Por Tomás Garzón de la Roza.



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